El séptimo cañón de Navarone

23.04.2018

Hay una frase que me caló la primera vez que la escuché, y alguna vez he utilizado en mis artículos, e incluso me ha servido para afrontar situaciones. Trabaja en silencio y deja que el éxito haga el ruido.


Para muchos y por que no decirlo, sobre todo siempre ha sucedido en las mejores plazas, se valoró mucho más su fichaje desde fuera que entre toda la afición ribereña. Christian Alfonso llegaba de no tener un buen año en el Lleida Esportiu y precedido de su segunda etapa en el Hospi donde pasó sin llegar a dar un alto rendimiento.


Era un jugador que había maravillado en can Hospi y que había llegado a tocar las mieles del fútbol profesional llegando a jugar en la primera división con el RCD Espanyol. Pero tras pasar por Alcorcón y Girona, había ido a menos en su carrera. Ahora, después de estar toda la primera vuelta entrenando con el equipo intentando ponerse en forma a la espera de alguna propuesta interesante, decide hacer un esfuerzo y aceptar la propuesta que le hizo el club.


No le importó bajar otro peldaño por volver a enfundarse la franja, el equipo de su vida, volver a jugar junto a su amigo Cristian Gómez y volver a disfrutar del fútbol en su ciudad junto a los suyos.


Faltaba volver a meterse a la afición en el bolsillo, a demostrar que la ilusión y las ganas de trabajar no iban a faltar. Desde el principio Xevi Molist le dio la confianza que cualquier jugador que viene de tocar fondo necesita para volver dar lo mejor de si mismo.


La falta de competición y el adaptarse a la idea de juego, eran notables y a medida que iban pasando las jornadas se volvían a ver destellos de aquel cañón por la banda que iba rompiendo defensas.


Ya la pasada jornada consiguió el MVP que otorga la radio después de cuajar un gran partido que sumado a los anteriores, parecía que por fin el tono estaba llegando. Confianza a la hora de encarar y desbordar a sus marcadores, ese desparpajo que siempre le ha caracterizado, ante el Ascó el cañón como ya comenté el pasado lunes, estaba engrasado y con mira puesta en el play off.


Mención a parte de sus cualidades individuales, es el trabajo defensivo que pone al servicio del equipo, generoso a la hora de presionar tras pérdida, oxigenar cuando el juego lo precisa, dar esa pausa que un jugador de su talla está acostumbrado y el balón no le quema. El míster ha decidido ir dosificándole y el proceso parece que empieza a dar sus frutos.


Sólo y creo que por poco tiempo, se le resiste el gol, dicen que todo llega en esta vida, y con el trabajo, esfuerzo e ilusión que está demostrando; más pronto que tarde acabará haciendo todo el ruido en el fondo de alguna red.

Carlos Bautista.