Luz roja

19.03.2018

Nunca es tarde para rectificar, quedan ocho finales y la primera como dijo Xavi Molist es el próximo domingo frente al combativo Santfeliuenc.


La tónica de esta temporada en el grupo cinco de la tercera división es poner en vilo al aficionado de los clubes que buscan el play off poniendo más emoción al campeonato, ya que el Espanyol B desde el inicio ha caminado con paso firme hacia el campeonato de liga.
Uno de esos equipos es nuestro Hospi, capaz de lo mejor y lo peor. Este fin de semana volvió a las andadas. Ya escribí hace unas semanas de su doble personalidad, se llegaba al partido de ayer tras perder en casa frente al Figueres después de ofrecer una imagen correcta y de generar innumerables ocasiones, de esos partidos que se suelen dar en cada temporada que el balón no quiere entrar por más que uno lo intente.

Era una jornada que se antojaba clave en el que podías dejar a un rival directo a ocho puntos y ya prácticamente (sobre el papel) quedarte en un mano a mano con el Sant Andreu en la disputa de la segunda plaza.
Siempre hemos dicho que este equipo ha dado su mejor versión en situaciones complicadas, después de un mal resultado y con rivales pisándole los talones. Algo que dice mucho a su favor es que cuando han tenido que dar un paso adelante lo han hecho, pero también cuando han podido poner el broche dejan pasar esa oportunidad incomprensiblemente.


Si algo está marcando la competición en general y en particular la del Hospi, es la irregularidad. Esto comienza a ser preocupante.
Ayer frente a un rival trabajado defensivamente y muy disciplinado, el equipo después de hacer una buena primera parte sin terminar de ser todo lo ambicioso que se espera de él, tras el descanso todo cambia y sobretodo tras encajar el 1-0 desaparece y por momentos entra en bloqueo mental y de juego.


Un rival que supo desconectar el juego interior de los ribereños y obligó a jugar en largo más de lo que suele hacerlo. Xavi Molist buscó la alternativa por fuera en la segunda parte y tampoco se logró hacer daño al conjunto de Sant Boi.


Por momentos se vió al equipo nervioso, pérdidas de balón, precipitaciones, algo que no es la seña reconocible de este equipo, que si algo suele tener es el control del partido más allá de estar más o menos acertado de cara a portería.


Quedan ocho finales y la primera es el domingo, el margen de error se ha reducido a un punto con el tercer clasificado y con cinco respecto al quinto clasificado, que marca las posiciones de play off. Si hay que demostrar algo, es el momento de ello, de nada sirve reprocharse nada y solo queda trabajar y remar todos en la misma dirección.

CARLOS BAUTISTA.