Qué será lo que tiene la franja?

06.09.2017

Por Dani Arrébola

Toc toc...

"-¡Adelante!"

-Buenas. Venía a renovar el carnet de socio.

Y con la misma humildad con la que se me entrega el carnet y descubro que en un año de vértigo y de derrotas he bajado 126 números y que ya soy el 201 de todos aquellos "rarunos" que llevamos la franjirroja en el corazón, saludo a Lluis Esteo y me saluda Salvador Cabezas, secretario en la oficina y el tesorero del club respectivamente:

"-¡Hombre Arrébola! ¿Cómo ha ido el verano?"

"-Muy bien Salva. Desconectando que era lo importante, pero más importante aún era terminarlo en septiembre y renovar mi amor por estos colores" (le enseño el carnet).

"-Este año al menos disfrutaremos...o eso me dicen que tenemos un gran equipo."

"-Sí... todo lo que no sea estar entre los cuatro primeros...pues eso, será malo-" le respondo a Salva antes de salir por la misma puerta por la que he entrado cinco minutos antes y de contemplar una vez más unas instalaciones preciosas que uno se las pasea con la sensación de ir en zapatillas por su casa.

<<¿Será malo todo lo que no sea estar en playoff? Pues sí...¿Pero qué más me da?>> Hemos bajado a Tercera, pero si bajásemos a Primera Catalana el próximo año volvería a picar a la puerta para renovar mi carnet y no me importaría haber bajado otro centenar de números más. Y si tuviera que renovarlo hasta ser el último que apagase la luz antes de cerrar pues también renovaría sin problema alguno. ¿Qué será lo que tiene la franja? ¿Por qué no puedo dejar de ser y querer al Hospi?

Quizá es por esa sensación a la que me refería antes de sentirse en zapatillas por tu casa cuando cada dos domingos entras por el monumental estadio, re-estrenado el 19 de Marzo de 1999 tras haber sido testigo del béisbol olímpico de aquellas nostálgicas olimpiadas en Barcelona. Yo era un niño de escasos años de vida, pero sí recuerdo vagamente ver y sentir el antiguo estadio ubicado justo en el corazón de nuestra ciudad, más o menos en el parque que uno se encuentra bajando por la hoy remodelada calle Canigó del barrio de Sant Josep. No es que mi padre me llevara asiduamente a aquel antiguo estadio y casi fortín pero con ese trocito de mi infancia y años más tarde con un playoff versus Sangonera al que me llevó mi hermano y en el que subimos a Segunda B, fue suficiente: me convertí por orgullo en todo un ribereño. Con el tiempo y en la adolescencia crecí viendo al Hospi con mis amigos del instituto Torras i Bages de Can Serra: Ferran, Manolo, Aitor, Iván...y año a año, renovando el carnet juvenil hasta el día de hoy ya acercándome a la treintena con el carnet de adulto, mi amor por la franja lo reconozco cada vez que voy a ver al Hospi, todo un ritual previo al vermouth de los domingos de mediodía (siempre y cuando juguemos, como es habitual, a las doce en punto claro está).

En esos domingos, media hora antes de que arranque el partido, suelo encontrarme y saludar al resto de ribereños que, aunque pocos, han demostrado poseer una fidelidad que ya quisieran muchos clubs de la categoría o de primera. Me encuentro por ejemplo con Fran Aguilera y nos ponemos al día de la vida en general; me doy un estrechón de manos con Manolo quien es la gran cara visible de la mítica peña SHospitxosos cuya original y graciosa nomenclatura es una gran pista que da a pensar en la diversión que uno puede tener al lado de ellos; invito y me invita Mauri a unas birras en el bar ubicado justo en la curva más cálida del estadio y hablamos con desorden y risas de la marcha del equipo y de los chascarrillos intra-oficinas que se producen a diario en un club dado a los chismorreos; también me saludo entre sonrisas con Cristóbal Bravo, quien acude ortodoxamente con su hijo en un ejemplo perfecto de cómo mamar la franjirroja; lo mismo que Lluís Sellarès el socio más longevo que conozco (creo que debe andar por el número cinco) siempre dispuesto a disfrutar y sufrir a partes iguales desde atrás de la portería más lejana; y también charlo cerveza en mano con el periodista Jordi Mèlich, todo un referente para mí desde niño cuando escuchaba sus narraciones de partidos voz a voz con Òscar Milla (hoy responsable de protocolo del club) en Ràdio L'Hospitalet; asimismo me abrazo con Jesús Amadeo, amigo de toda la vida y hoy concejal de la ciudad, un rol que aprovecho para comentar la actualidad política nacional y la local, que es la que siempre más nos ha de interesar; a veces también pillo en esos lares de auténtica feria pre-partido al gran Cristian García creador del célebre El Blog de l'Hospi - medio que muchos instamos a que lo reemprenda de nuevo- y con el que nos nutrimos entre risas de la pre-selección lituana o armenia de Eurovisión de ayer noche o de la que vendrá.


Subo a la segunda gradería y la fiesta berlanguiana prosigue cuando me siento en mi zona preferida para ver el partido. Al poco me saluda Javier Vilches con su familia, otro asiduo a la franja, y en el descanso suelo acercarme a la cabina a comentar la jugada -o mejor dicho jugadas- con Raúl Haro y sus compañeros de Radio Afición, donde aprovecho también para comentar impresiones y charlar sobre la vida con mi amiga y periodista Montse Maneja de TV L'Hospitalet. Y podría seguir...y si hay goles y ganamos sigo mucho mejor...mientras miro en Futbolme el resto de marcadores y cuántas posiciones avanzamos (si es que no vamos líderes como ocurre en el momento en el que escribo estas líneas).

Este año pintan bien las cosas. A Xavi Molist y Jordi Martínez "el cueta" se les ve unos místers con las ideas claras y sobre todo con el buen toque por el balón que es cuando este club siempre ha funcionado y más ha enganchado. Divertirse...Divertirse...Divertirse...es el verbo que no deja de repetir este ilusionante técnico para la parroquia ribereña y yo estoy seguro que me voy a divertir una temporada más viendo a mi Hospi. Y con esa seguridad una eterna duda me pasa por la cabeza: ¿Por qué no divierte a mucha más gente en la segunda ciudad más poblada de Catalunya y una de las más pobladas de España? No llegamos a medio millar de socios y estoy convencido que muchos miles se están perdiendo todo este ritual de felicidad contado líneas atrás. Si yo lo he experimentado lo pueden experimentar muchos más. Con tan sólo hacer toc toc a una humilde puerta. Ayy... ¿Qué será lo que tiene la franja?