Sembrar para recoger

03.06.2019

Otra vez tropezamos en la misma piedra, si la misma que la del año pasado, la que se ha aparecido ya demasiadas veces en el camino y empieza a ser el día de la marmota.

Toda una temporada que se esfuma en 180 minutos tras un error en la ida y otro en la vuelta.

Podríamos caer el dramatismo, en el "por que tenemos tan mala suerte? " No caigamos en esa maraña, lamentarse nunca ha servido de nada. La eliminación de ayer, que curiosamente venía precedida de dos datos cuanto menos anecdóticos. El Hospi este año no había remontado nunca un partido y por fin en esta era Ballester-Risueño, se logró voltear un marcador adverso y anotar en una eliminatoria de promoción de ascenso.

Una primera parte muy floja de los nuestros donde no encontraron el ritmo adecuado de partido para someter al rival. Apenas se logró inquietar a Romero y en una de las pocas llegadas del Algeciras llegaba el mazazo. Se llegó a descanso con el 0-1 y la eliminatoria muy lejos de perder superar.

Decidí salir de la cabina e ir a saludar familia y amigos que no suelen venir al estadio y todos coincidían en dos cosas. "Que les pasa? Pensaba que saldrían más decididos... Menudo ambiente que hay"
La ciudadanía y como no, nuestros socios fieles como siempre consiguieron que el estadio municipal diera gusto verlo. Ver de nuevo el histórico ya mural de la Peña Shospitxosos en su esquina de tribuna y al resto de peñas del club que decidieron colocarse cerca para hacer más piña.

No me quiero olvidar de todo el fútbol base, las chicas del femenino, técnicos de la casa y que me perdonen si me dejo alguno sin nombrar.
Cuando se habla de que este club y ciudad no tiene alma, está muy equivocado. Una vez más lo de ayer debe servir para lograr alargarlo en el tiempo y quien sabe si ir aumentándolo, ahora si.

La directiva a trabajado duro para lograr atraer la mayor gente posible de la ciudad, contando con la gran colaboración de algunos socios, técnicos de la casa y mi compañero Raúl Haro. Colocando puntos de ventas por toda la ciudad, haciendo visible al club.

La segunda parte del equipo nos hizo vibrar a todos, a los de siempre y a los que no lo son. El público llevó en volandas a los nuestros como en su día el nuevo Mirador llevó a los suyos.
El fútbol debe ser una fiesta, el estadio debe convertirse en un lugar donde la gente se lo pase bien, disfrute con lo que ve y se enamore como en su día nos pasó a los que llevamos años viviendo esto fin de semana tras fin de semana. Los nuestros se quedaron cerca de hacer la machada tras conseguir dos goles. La emoción era impresionante, la comunión con la grada era total.

Terminó el encuentro y la afición dolida mostró el reconocimiento a los jugadores, no era momento para reproches por que todos vimos cómo se lo dejaron todo en el verde.

Las semillas que ayer cayeron, se pueden aprovechar, se deben cuidar y conseguir que echen raíces. Es momento para reflexionar y ver si todos los esfuerzos se están destinando bien o hay que redirigir el proyecto primero como club e entidad y después en lo deportivo. Ese hambre que muchos tenemos de ver a nuestro Hospi más arriba ha de tener recompensa más pronto que tarde.